miércoles, 16 de marzo de 2011

Margaritas

Suena el teléfono.
  • ¡Elena! ¿qué tal anoche?, ¡cuéntame todo! ¿os liasteis? - Sofía da paso a su peculiar interrogatorio
  • ¿Esto qué es un interrogatorio? - contesta Elena con una sonrisa en sus labios-
  • Si, ¡dispara!
  • Si... Nos besamos
  • ¿En serio?, ¡qué guay!, ¿como fue?, ¿y ahora... ahora qué?
  • Pues fue genial, y no sé... Me gusta, tengo que reconocer que el chico me gusta. Pero aún no sé nada de el, ¡ni siquiera tengo su teléfono!
  • Tu por eso no te preocupes, mañana en clase se lo pides, ahora te tengo que colgar que me llama la pesada de mi madre. Luego hablamos.

El día transcurrió con total normalidad, Elena y Clara pasaron todo el día juntas, fueron de compras, las típicas compras madre e hija y comieron y cenaron en los restaurantes más elegantes, con la excusa de que un día es un día.
En cambio la noche se hizo más pesada, Elena apenas pudo conciliar el sueño, pensando en Jeremy, ¿y si se arrepiente de lo que pasó?, ¿y si en realidad no le gusto?, ¿y si me estoy haciendo demasiadas ilusiones?, eran tantas las preguntas que su cabeza formulaba que no durmió más que una hora.
Eran las siete de mañana, cuando después de dar varios meneos a la almohada, decidió levantarse. Lo primero que hizo fue mirarse en el espejo, para ver si habían aparecido sus mayores enemigas, las ojeras. Tuvo suerte, esta vez se tomaron el día de descanso.
Desayunó su rutinario café con leche, se vistió, se aseó, y con impaciencia salió de casa en dirección a la universidad.
Al entrar a clase, lo primero que hicieron sus ojos fue buscar con avidez a Jeremy, pero no lo encontraron. Con decepción se sentó en su mesa y esperó su aparición hasta el comienzo de la clase. Pero no, Jeremy no fue,
  • No puede ser, no ha venido, eso quiere decir que se arrepiente, ¡jo Elena!, eres una ilusa... -Pensó-.
Entra el profesor y comienza a dar su habitual sermón, cuando de repente llaman a la puerta. Es Manolo el de secretaría y trae un ramo de margaritas. Toda la clase mira con expectación la entrada, se oyen murmullos entre la gente, preguntándose a dónde irán a parar esas flores. Manolo para su caminata y se detiene en frente de la mesa de Elena, con una sonrisa de satisfacción le entrega el ramo.

  • No puede ser, ¡es para mi!, ¡mis flores favoritas! - Exclama Elena delante de toda la clase-
Acto seguido ve una nota y rápidamente se dispone a abrirla:

Espero que te gusten.
Jeremy




miércoles, 9 de marzo de 2011

Besos

Un paso, otro paso, lentos, muy lentos, debido a su falta de equilibrio, y de repente un traspiés, y ¡pum!, al suelo.
  • ¿Estás bien? - pregunta Jeremy asustado-
  • Si, bueno...me duele un poco el tobillo
  • Ven, vamos a sentarnos a este banco, hasta que se te pase

Y juntos, agarrados, como una pareja que vuelve de marcha, se sientan en un banco cercano al lugar de la caída.
  • ¿Mejor?
  • Si, gracias Jeremy, poco a poco se me va pasando
Y mientras eso ocurría, intercambiaron miles de palabras, hablaron de todo, de las clases, los profesores, los compañeros, incluso alguna anécdota del pasado.

  • Qué extraño... este chico antes no me llamaba la atención, y ahora me parece super atractivo... supongo que será por el alcohol pero tengo unas ganas locas de besarle. - pensó Elena-.

Y como si esos pensamientos los hubiera anunciado en voz alta, Jeremy se acerca donde ella y la besa. Un beso dulce, lento, suave. Después otro beso, y otro. Siguieron besándose hasta que sus labios les pidieron un leve descanso.
Después vergüenza, timidez, rojeces que asoman en sus rostros, miradas que se esquivan, huyen.

  • ¿Te ha gustado? - se atreve a preguntar Jeremy-.
  • Si... Mucho
  • ¿Lo repetirías otro día?, por ejemplo... ¿Mañana?
  • Um, ¡vale!

    Y juntos, iniciaron el camino a casa, agarrados de la mano y con una sonrisa en su boca, sonrisa que delataba el estado de felicidad en el que se encontraban en esos momentos.

jueves, 3 de marzo de 2011

Noche de fiesta

Nuevo día, el sol iluminaba la ventana de Elena, invitándola a salir de casa, invitándola a recibir su amistoso saludo. Un buen día, un día cálido.
Poco a poco iba recobrando la alegría, intentaba no pensar en su amigo y si lo hacía intentaba evadir esos pensamientos, centrándose en cualquier otra cosa que captase su atención.
Hacía días que ese tal Jeremy no iba a clase , para el agrado de Elena, ese chico no le proporcionaba ningún tipo de confianza.
Las semanas transcurrieron con total normalidad, Elena iba a clase, tomaba apuntes, estudiaba, charlaba con su madre, salía con sus amigos...
Suena el teléfono.
  • ¿Si?
  • ¡Hola Elena! Soy Sofía, ¿te apetece salir esta noche?, venga va, ¡que hace mucho que no salimos a divertirnos!
  •  Está bien... La verdad es que me vendrá bien un poco de fiesta, ¿pero pronto a casa eh? Que te conozco.
  • Si, si, de verdad, entonces... ¿Quedamos a las 10 en tu casa?
  • Hecho, luego nos vemos

Le quedaban exactamente tres horas para decidir que se iba a poner, para cenar y para terminar de hacer un trabajo de Historia de la Psicología. Aprovechó tan bien esas tres horas que hasta le sobró media hora para sentarse en el sofá a leer, estaba tan concentrada en la lectura que no oyó el timbre hasta pasados unos cuantos segundos.

  • ¡Sofía!, ¡pero qué guapa!
  • Tu tampoco estás nada mal, fijo que esta noche ligas
  • Bah quita quita, esta noche es solo para nosotras, sin ningún chico de por medio, hace mucho que no nos divertimos
  • Tienes razón,¿nos vamos ya?
  • Si, tengo ganas de mover el esqueleto

Música, ruido, conversaciones ajenas que debido a su potencial de voz se convierten en cercanas, risas, bailes, una copa, otra, varios chupitos...Las cuatro de la madrugada.

  • Sofía... Creo que ya va siendo hora de volver a casa, creo que nos hemos pasado bebiendo, mira mi tono de voz, ¡parece que estoy borracha!
  • Lo estás, lo estás – Contesta Sofía riéndose a carcajada limpia -. Por cierto , ese chico de esa esquina no ha dejado de mirarte en toda la noche...
Elena se gira, intentando disimular, disimulo que resultó fallido debido a la borrachera. No puede ser, he tenido que beber demasiado... ¡Es jeremy!, y sin querer, esos pensamientos se convierten en palabras con un tono de voz alto. Jeremy se acerca.

  • Hola Elena, por lo que veo... ¿Va bien la noche, no?
  • Si, si... Me lo estoy pasando muy bien
  • ¿Quieres que te acompañe a casa?

Y en ese momento, interviene Sofía.

  • ¡Claro que quiere!, ¿Cómo no va a querer, con lo bueno que estás?, yo me voy, ¡ahí os dejo tortolitos!

Y diciendo esto se aleja sin pedir el consentimiento de Elena, que la verdad, no sabe muy bien si quería que la acompañase o no.



jueves, 17 de febrero de 2011

Jeremy

En las semanas siguientes, Elena apenas dormía y comía, se pasaba el día como un espíritu por la casa, su madre cada vez más preocupada por ella, decidió hablarle.

  • Elena cariño, ya sé que has tenido que pasar por uno de los momentos más dolorosos de tu vida, pero la vida sigue, a César no le gustaría verte así.
  • Ya mamá... Prometo intentar volver a hacer una vida normal, mañana iré a la universidad, no quiero perder el curso.
  • Está bien mi vida, voy a prepararte algo de comer, que te estás quedando en los huesos.

Ese fue el primer día que Elena comió en condiciones, a veces lo único que hace falta es tener una charla con esa persona que te conoce tan bien, tu madre.
Al día siguiente, Elena, tal y como prometió a su madre fue a la universidad. Cuando llegó a clase todos se acercaron a preguntarle cuál era el motivo de su continúa falta, todos menos uno. Un chico se encontraba rezagado en una de las mesas de la última fila, Elena no lo conocía, pero también es verdad que había faltado tanto a clase, que no le extrañó no saber quien era.
Elena no quería dar demasiadas explicaciones a sus compañeros, no le apetecía recordarlo, y justo cuando las preguntas hacia ella se hacían más intensas, fue salvada por la campana porque llegó el profesor.
Había olvidado las pesadas clases de ese profesor, casi se duerme, los minutos se hacían eternos, apenas tomó apuntes, estaba demasiado concentrada en sus pensamientos. De repente todos se levantaron de sus asientos y con esa sonrisa que habían perdido durante la clase se disponían a salir del aula, fue entonces cuando Elena se dio cuenta de que la clase había terminado.
Mientras recogía sus cosas para macharse, el chico desconocido se acercó donde Elena.
  • Hola, perdona, ¿me podrías dejar los apuntes de esta asignatura, por favor?
  • Lo siento... Estas semanas he faltado mucho a clase y no los tengo
  • ¿Has estado enferma?
  • No, no precisamente, bueno me tengo que ir ya, siento no haberte sido de ayuda
  • No pasa nada, mañana nos vemos
  • Si... Eso, hasta mañana
Cuando Elena ya se alejaba del lugar de la conversación, pudo escuchar:
  • Por cierto Elena, me llamo Jeremy

¿Elena?, ¿por qué sabía su nombre?, ella no recordaba haberlo dicho... Pero no lo dio importancia debido a que esas semanas no eran precisamente las más idóneas para recordar lo que había dicho y lo que no.

martes, 15 de febrero de 2011

Clara llegó a casa al poco rato, y la situación que se encontró al abrir la puerta no fue muy agradable, Elena estaba sentada en el suelo, con la mirada perdida, se le habían acabado las lágrimas para seguir llorando. Clara corrió donde su hija, y la abrazó, preguntale una y otra vez el porqué de su tristeza, qué había pasado, eran tantas las preguntas que formulaba Clara, que a ninguna obtuvo respuesta. Así que simplemente se limitó a abrazarla.
Pasados unos minutos, Elena le contó a su madre, lo que había ocurrido, la muerte de su amigo, la ambulancia, que ella no pudo ir con él, que se sentía culpable, pero lo que no contó a su madre fue que ella sabía perfectamente quien había sido el asesino, aunque no le pusiese cara.
Clara cogió el coche y juntas fueron al hospital, pero cuando llegaron y preguntaron por él, les dieron la trágica noticia de su muerte. A Elena no le quedaban lágrimas, las había usado todas, no podía explicar la sensación que la recorría por dentro, había perdido a su amigo, y a pesar de lo ocurrido, un buen amigo.
Clara fue a dar el pésame a los familiares de César, mientras Elena se sentó en una de las sillas de la sala de espera, no tenía fuerzas para nada.
Esa noche, Elena apenas durmió y las pocas veces que pudo conciliar el sueño, una serie de pesadillas la invadían sin cesar.
Al día siguiente, se puso un pantalón negro, que a partir de ese día se dejaría de poner para siempre, una camisa negra también y su abrigo gris. Agarrada del brazo de su madre pudo llegar al lugar del entierro, la ceremonia era al aire libre, a su amigo nunca le habían gustado los espacios cerrados. Allí estaban todos sus amigos, y amigos de Elena también.
El sacerdote daba el sermón diciendo palabras que ninguno de los allí presentes entendíamos, porque nuestra mente se encontraba en otro lugar, con César.
Cuando acabó el entierro, Elena no aguantó más la presión, y salió del bullicio para adentrarse en el campo, la vendría bien desconectar, quería estar sola.
Se sentó en una piedra que a pesar de sus características, parecía cómoda, y se puso a pensar, a pensar en todos los momentos vividos con su amigo, en las discusiones, en las risas, y porqué no, en el beso.
De repente se oyó una voz.
  • Lo siento...
Elena no podía describir la sensación que la trasmitía esa voz, era una voz pura, una voz suave y musical, ese tipo de voces que cuando las oyes te sientes bien, te sientes a salvo.
  • ¿Quién eres?, preguntó Elena.
  • Ahora mismo no puedes verme, pero te juro que haré lo que sea para que puedas verme y amarme, tanto como yo a ti.
  • ¿Perdona?, ¿esto que es, un juego?, no tiene ninguna gracia, acabo de perder a mi amigo.
  • Lo de tu amigo tenía que ocurrir hazme caso, si no, hubiese ocurrido una tragedia.
  • ¡Ah! Ya sé quien eres, eres el asesino, tú lo hiciste.

Pero ya no obtuvo más respuesta, esa voz dulce y tierna, dejó de sonar, dejándola allí, sola con su tristeza y sin entender nada.

jueves, 10 de febrero de 2011

Tragedia

Al despertar, Elena, comprobó que había dormido más de la cuenta, más de doce horas. Se levantó a desayunar, y comprobó que su madre ya se había ido a trabajar.
Al poco rato, sonó el timbre, era César , Elena le dio al botón para abrirle la puerta a su amigo, y según pasaban los segundos se iba poniendo cada vez más nerviosa.
Pasaron varios minutos y Elena empezó a preocuparse por la tardanza de su amigo, no podía tardar tanto en subir, así que preocupada, bajó las escaleras hasta la puerta principal.
Lo primero que vio fue una mancha de sangre de varios metros de largo junto con el cuerpo de su amigo que yacía sobre el suelo. Asustada, llamó a la ambulancia entre sollozos, y poco después contempló como se llevaban a su amigo ,mientras ella sollozaba y gritaba ante la impotencia de no poder ir con él. Todo había ocurrido demasiado rápido.
Tras llevar un buen rato llorando, cuando ya no le quedaban lágrimas para continuar, una carta se deslizó ante sus pies y un destello de luz se escondía dentro del portal. Elena leyó la carta y a pesar de las pequeñas telarañas que cubrían sus ojos, pudo leer su contenido:

Querida Elena, siento que hayas tenido que presenciar este acontecimiento, pero creeme que es lo mejor para ti.
Un abrazo
Tu amigo
J

Elena invadida por la rabia, se metió dentro del portal siguiendo a ese destello de luz que se había introducido dentro. Gritaba y lloraba a la vez.

  • ¡Cobarde!, ¡Cobarde, eres un cobarde!, ¿quién eres? , ya te digo quién eres, eres un asesino, ¡asesino!, te juro que como mi amigo muera, el próximo serás tú.

Al no encontrar respuesta a sus gritos, subió a casa, y se encerró dentro, esperando a que su madre regresase para que le llevase junto a César, o simplemente a sentarse a esperar buenas noticias.
Al cerrar la puerta de su casa, una voz se pudo oír, como un eco en el portal, una voz que si la oyes sin prestar atención es posible que no logres descifrarla, pero que si escuchas atentamente, hubieses podido oir...

- Yo no puedo morir.

jueves, 3 de febrero de 2011

Cuando Elena abrió los ojos se encontró en un lugar que no era su casa, con su madre mirándola fijamente y varias señoritas vestidas de blanco alrededor. Debía de estar en un hospital.

  • ¡Elena hija! ¿estás bien?
  • Si mamá, algo desconcertada, ¿qué ha pasado?, ¿por qué estoy aquí?
  • Te he encontrado en el portal desmayada, los médicos han dicho que ha sido el estrés lo que ha hecho que perdieras el conocimiento. Lo siento hija, no me había dado ni cuenta,¿has tenido muchos exámenes estos días?
  • Sí mamá, ha sido eso.

Elena en el fondo sabía que no era eso, que en esas semanas no había tenido ni un examen y que lo que realmente la preocupaba era otra cosa, pero optó por mentir, una acción que puede ser muy fácil recurrir a ella en algunos momentos de tu vida.
Después de unas horas esperando a la visita del médico para recibir el alta médica, Elena pudo salir del hospital, agarrada del brazo de su madre.
Al llegar a casa, su madre le mandó tumbarse en el sofá y descansar mientras ella le preparaba un plato de sopa caliente.
De repente sonó el teléfono y Elena se levantó cuidadosamente y lo cogió con una voz débil:

  • ¿Si?
  • Eh.. Elena, soy César, ¿qué tal estás?, ya me he enterado de lo que te ha sucedido...
  • Bien, ya estoy mejor la verdad.
  • Quizás te ha influido mi comportamiento de estos días , pero tiene una explicación, no te la he contado antes simplemente por miedo.
  • Pues adelante, cuéntamela...
  • No, por teléfono no, hoy supongo que necesitarás descansar pero mañana si quieres me paso por tu casa y hablamos.
  • Ok, adiós.

Después de colgar, Elena se sumió en un profundo sueño en el que aparecían unas alas blancas y una cinta azul.

viernes, 14 de enero de 2011

Rarezas

Eran las tres de la tarde cuando Elena amanecía, había dormido por lo menos catorce horas, las necesitaba.
Mientras desayunaba no dejaba de dar vueltas al extraño suceso que había ocurrido la noche pasada, ¿de verdad se había besado con César? ¿ por qué?, numerosas preguntas circulaban por su mente, buscando sus respectivas respuestas, pero nada, su cerebro no lograba encontrar ningún tipo de contestación.
Pasaron los días, y Elena no sabía nada de su amigo, lo que hacía que aumentasen sus preguntas y sus dudas, hasta que llegó un momento que decidió dar el paso ella y se dispuso a llamarle por teléfono.

  • ¿Si?
  • Eh... hola César, soy Elena, ¿qué tal?
  • Ah Elena... pues bien, estoy bien, pero ahora mismo no puedo hablar, tengo que colgar, ya hablaremos, adiós.

Tras la desconcertante conversación, Elena se sentía mucho peor e infinitud de preguntas más puntiagudas que las anteriores rodeaban su mente, ¿qué le pasaba?, parecía enfadado..., seguro que está así por el beso, maldito beso, seguro que ha estropeado nuestra amistad.
Como no dejaba de darle vueltas al tema, decidió salir a dar un garbeo y cuando estaba ya en el portal, miró el buzón como de costumbre y se encontró una nueva carta:

Querida Elena
No tenía pensado escribirte hasta pasadas unas semanas, pero debido al desagradable suceso que he tenido que presenciar, he optado por hacerlo. No te preocupes, está todo solucionado, una vez más no te he fallado.

Un abrazo
J

Esta carta dejó a Elena sin aliento, demasiadas cosas, demasiada información en poco tiempo, demasiadas rarezas, de repente empezó a ver todo borroso, hasta que su cerebro no pudo más, sus piernas vencieron a esta orden, y perdió el conocimiento.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Chocolate caliente

Suena el teléfono una mañana de sábado, ese sonido incisivo y penetrante que se introduce por el conducto auditivo de Elena despertándola, se levanta lo más rápido que puede, ignorando su aspecto de recién levantada y se dirige hacia donde la lleva esa molesta melodía. Se produce el último toque cuando Elena descuelga.

-         ¿Quién es?
-         Soy César, creo que hasta no hace mucho era  amigo tuyo, ¿se puede saber que te pasa?, ¿por qué ya no quedas?
-         - Ah… César… hola, perdón pero es que he estado muy liada estos días, pero… ¿esta tarde te viene bien quedar?
-         Claro, para eso te llamaba, ¿a las cinco en el parque de siempre?
-         Está bien, luego nos vemos.

Y diciendo esto, Elena cuelga el teléfono y se va a la cocina a prepararse el desayuno, aprovechando que su madre está trabajando, se prepara tostadas con nocilla, esas que casi nunca la deja probar su madre, quien sabe porqué.
Elena no sabe si le apetece quedar con César, pero lo que si que es cierto es que nunca debes descuidar a los amigos y ella lo estaba haciendo, además le vendría bien para despejarse y dejar de pensar siempre en lo mismo.
Clara llegó a la hora de comer, ambas comieron despacio, charlando como solían hacer antes, y cuando Elena se quiso dar cuenta, ya eran casi las cinco. Se arregló un poco, cogió algo de dinero y a las cinco en punto se encontraba en aquel parque donde había vivido muchos momentos, era en ese parque donde jugaba de pequeña, donde se cayó la primera vez, donde aprendió a andar en bicicleta, también donde recibió su primer beso…
Mientras recordaba muchos de los momentos más importantes de su vida, alguien detrás le hablaba.

-         ¡Hola! Cuánto tiempo, ¿dos besos no?
-         ¡Si claro!, ¿qué tal?
-         Bien, pero mejor que hablemos en un lugar que no haga tanto frío, ¿no crees?
-         Vale, ¿vamos a esa cafetería de allí?
-         Me parece bien, y nos tomamos un chocolate para entrar en calor

Durante toda la tarde hablaron de las miles de cosas que no se habían contado en los últimos días, se rieron recordando viejos momentos, y hasta hubo tiempo para acordarse de algún mal momento, que pronto olvidaban saboreando aquel magnífico chocolate.
Ya era tarde, y César acompañó a Elena a su portal, ambos habían pasado una tarde estupenda, y puede que fuera el calor del chocolate o simplemente la locura que invade a los adolescentes, lo que hizo que sus labios se juntaran y saborearan el dulce sabor de sus bocas. Cuando sus labios lograron separarse, se miraron a los ojos, sus miradas intentaban reflejar lo que acababa de ocurrir, no reflejaban brillo, sino desconcierto.
Al no poder articular ninguna frase coherente, Elena se subió a casa y César comenzó a caminar sin saber el lío en el que sus labios le habían metido.

martes, 21 de diciembre de 2010

Cinta azul

La madre de Elena empezaba a estar preocupada por su hija, en los últimos días su actitud había cambiado, se pasaba el día encerrada en su habitación, exceptuando las veces en las que iba a la universidad, que cada vez se hacían más infrecuentes. Apenas dialogaban, Elena comía rápido y se volvía a su cuarto.
Un día, Clara decidió preguntarle la causa de su actitud.
- Elena hija, hoy apenas has comido, últimamente te pasas el día entero en la habitación, tumbada en la cama. ¿Te encuentras bien?, ¿Estás enferma?.
- No mamá, simplemente estoy algo cansada, supongo que estaré baja de hierro. Un día de estos te prometo que visitaré al médico.
- Está bien hija, pero si necesitas algo, ya sabes que puedes contar conmigo, soy tu madre, te conozco mejor de lo que crees.
Elena entendía perfectamente la preocupación de su madre, pero no podía evitarlo, desde que recibió la última carta de ese chico, no dejaba de pensar en otra cosa, cada vez que lo daba más vueltas, se iba dando cuenta de que esos ojos verdes los había visto muchas veces, sentía como si la hubiese estado observando durante toda su vida, pero ¿por qué?.
Pasaron semanas, quizá meses, según pasaban los días iba perdiendo la noción del tiempo , era como si sólo la hiciera levantarse de la cama la posibilidad de que hubiese una nueva carta en el buzón.
Hasta que un día, sus deseo más anhelado se hizo realidad, cuando bajaba a la calle para ir a la universidad ya que llevaba varios días sin ir, abrió el buzón como de costumbre y se encontró una nueva carta que en el dorso tenía esa flor azul tan característica.

Querida Elena, siento haber tardado tanto en ponerme en contacto contigo, pero ya te dije que me gusta ir despacio. Aún es pronto para que sepas quien soy, pero para que veas que no me olvido de ti, te dejo un regalo...
Un abrazo
J

Y en efecto, dentro del buzón había algo más, una pequeña cajita azul, a Elena se le ocurrió que el azul tenía que ser el color favorito de ese chico, debido a su frecuente aparición. Abrió la cajita con impaciencia y en su interior se encontró una cinta para el pelo, una cinta azul. Y dentro de la cajita había también una pequeña nota.

Aquí tienes mi regalo, como puedes comprobar es una cinta para el pelo. Espero que te la pongas y que así puedas lucirla todo lo que no pudiste cuando eras pequeña.
J

jueves, 16 de diciembre de 2010

Una carta

Elena siguió recordando y poco a poco se iba dando cuenta de que aquella mirada la había visto más veces a lo largo de su vida.
Una mañana en la que volvía de la universidad, recibió una carta, en su dorso había dibujada una flor azul, nunca antes había visto ese tipo de flor, e inundada por una exorbitante intriga abrió la carta y comenzó a leer aquellas palabras misteriosas, llenas de suspense:
Querida Elena, te escribo para decirte que cada día estás más guapa, ya no queda nada de esa niña tan tierna que miraba el mundo con los ojos llenos de curiosidad. Me alegro mucho de que te hayas decidido por la rama de la psicología, para que algún día logres curarme esta locura que me has producido.
Un abrazo
Tu amigo
J
Elena no podía creerlo, no podía ser cierto, supuso que el escritor de esa carta sería el chico de la mirada inquietante. ¿Por qué le escribía?, ¿ de que locura habla?, ¿Por qué la conoce desde niña?.
Acto seguido llamó a Sofía contándole lo que la había ocurrido.
- No sé Elena, supongo que será un loco, yo que tú le denunciaría por acoso.
- Pero es que no puedo, esa mirada la he visto muchas más veces, algo me dice que ese chico no me puede hacer daño, tengo que averiguar quien es.
- Cómo quieras, tu si que estás loca, ya sabes cualquier novedad me llamas
Elena colgó el teléfono y se puso a pensar qué podía hacer para descubrir su identidad.
Después de horas pensando, se le ocurrió escribirle una carta y dejarla en el buzón, en el mismo sitio donde había encontrado la suya:
Querido J, me gustaría saber más de ti, saber quien eres , porqué me conoces.
Un saludo
Elena
Días después al volver de clase, abrió el buzón y se encontró con la respuesta:
Querida amiga, todo a su tiempo, poco a poco irás descubriendo quien soy, me gusta ir despacio.
Un abrazo
J

viernes, 10 de diciembre de 2010

Niñez

Era pequeña, más pequeña. Elena recuerda aquella cinta roja que tanto le gustaba, aquella cinta que se ponía siempre que tenia algo importante que hacer. Tenia solo 10 años, inocentes 10 años. Navidad, calles adornadas, villancicos, gente sonriendo, comprando regalos. Salia de casa con su madre, era nochebuena y como siempre iba a celebrarlo a casa de su abuela, la veía poco, muy poco , pero en fechas especiales a su madre le gustaba por un instante recordar su infancia, en aquella casa llena de recuerdos.
Ensaladas, sopa, cordero,pasteles, turrón... todo un manjar a disposición de ella, Elena mira la mesa, llena, millones de platos la rodean, incitándola a comer. Todo va bien, risas, su madre y su abuela recordando años en los que estaban unidas, alguna que otra lágrima deslizándose por sus rostros...
Hora de despedirse, Elena da un beso a su abuela, un beso lleno de cariño y ternura, que pocas veces al año su abuela recibe, su madre también se despide, pero de una forma más fría , álgida.
Salen a la calle, pasean, observando cómo la navidad inunda de alegría o tristeza la vida de los viandantes.
En el camino, hablan de sus cosas, Elena habla de esa muñeca que tanto le gusta, y que se va a pedir a los Reyes Magos. Felicidad propia de la niñez ,rebosante de inocencia. Su madre, fingiendo comprensión, enumera las cosas que ella también va a pedir a los Reyes Magos, sabiendo de antemano quien va a ser la encargada de comprarlas.
Ya llegan a casa,es tarde, están cansadas pero felices de la cena tan especial e insólita que han presenciado.
Antes de entrar al portal, Elena echa un último vistazo a la decoración navideña y entonces ve enfrente unos ojos que captan su atención...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El resto de la semana pasó rápidamente, la rutina diaria se convirtió en un aliado para Elena, ya que le ayudaba a distraerse y a no tener tiempo para pensar.
Poco a poco se fue olvidando de aquel encuentro, y se fue centrando en su carrera , en sus amigos y en su madre. Sacaba buenas notas , aunque habia alguna asignatura que se le atrevesaba, especialmente la referente a historia de la psicología.
Una tarde se fue a dar una vuelta con su amiga Sofia y fueron al cine, a ver una película de amor, ideal para pasar una tarde de invierno.
- Vaya película más aburrida - dijo Sofía.
- No te creas , el protagonista es una monada, ya me gustaría a mi encontrar uno así. - aseguró Elena con una voz melosa.
Al salir del cine, dos chicos se les acercaron, aparentando elegancia comenzaron a hablar con ellas.
- Nunca he visto unas chicas tan guapas como vosotras- comentó el chico más alto.
- Anda calla, seguro que dices eso a todas - protestó Sofía.
Los chicos seguian filtreando hasta que Elena decidió acabar con el cortejo e incitó a su amiga para moverse de allí. Cuando parecía que los habian dejado atrás, notaron su presencia a sus espaldas, ignorando su existencia siguieron caminando. Al no poder aguantar ese acoso durante todo el camino , Elena se volvió hacia ellos y les insistió para que se fueran y las dejasen tranquilas. Al pronunciar esas palabras , uno de ellos, el más alto , aproximó el cuerpo de Elena al de él y la empezó a acariciar y a robarle pequeños besos.
Sofía se quedó paralizada , sin saber que hacer, intentó coger el móvil para llamar a la policía pero el otro joven se lo quitó y la sujetó extremadamente fuerte para que no pudiese realizar ninguna acción.
Elena gritaba, pero el aislamiento de la callejuela en la que se encontraban y la poca gente que vivía a las afueras de la ciudad, hacía que los gritos se disolviesen en el aire. El muchacho le empezó a quitar la ropa, hasta que de repente, el chico calló al suelo, una bala le había atravesado la espalda, dejando a Elena libre. El otro joven, asustado, echó a correr a toda velocidad desapareciendo entre la oscuridad.
Sofía corrió a socorrer a su amiga, Elena estaba muy asustada, ambas se fundieron en un abrazo, y cuando ya estaban más tranquilas, se preguntaron qué había ocurrido , quien habia disparado al chico, porqué no se habia dejado ver , porqué había desaparecido...

miércoles, 17 de noviembre de 2010

A la mañana siguiente, Elena se despertó con una extraña sensación, una sensación que no podía describir con palabras , simplemente sentía la necesidad de evadirse por un instante de la realidad. Sin hacer caso a sus pensamientos , se levantó y sin apenas desayunar se fue a clase como, aparentemente un día normal.
Cuando estaba a punto de llegar a clase, un extraño personaje se la acercó, era un chico de apenas veinte años, vestido de negro y con unos ojos verdes que realzaban una mirada intensa y a la vez inquietante.
Elena se quedó bloqueada contemplando sus ojos , cuando de repente , el misterioso chico la agarró firmemente del cuello atrayéndola para sí y colocando suavemente una navaja sobre su garganta.
El chico la pidíó que le entregara todo lo que fuese de valor, pero cuando Elena, rendida , estaba a punto de darle el dinero que llevaba , sintió como la mirada del chico se clavaba profundamente en sus ojos. Durante unos instantes ambos bucearon en la mirada del otro , buscando tal vez algun tipo de respuesta.
Sin mediar palabra, el chico soltó a Elena y se marchó , dejándola aturdida, impresionada y, porqué no , algo hipnotizada.
El resto del día transcurrió de manera normal , con la excepción de que Elena no podía quitarse de la cabeza aquella extravagante mirada, y lo realmente insólito, era que no tenía miedo a que ese chico se la acercase otra vez con la intención de atracarla, sino que quería y deseaba volverle a ver. Al mismo tiempo se preguntaba una y otra vez , por qué se había ido , por qué no se había llevado el dinero , por qué se había apiadado de ella...
Un montón de preguntas sin respuesta circulaban en su mente, cuando ya no soportaba la situación , cuando creía que iba a perder la razón , llamó a su amiga Sofía para contarle lo sucedido, tal y como hacía otras veces. Tras la llamada telefónica, la cual duró una hora , Elena no se encontraba mejor ni peor, Sofía la había dicho que se olvidase de ese encuentro , de ese chico y de esa mirada, que una persona que intenta atracar a otra no merece nada y mucho menos rondar los pensamientos de la víctima.
A la hora de cenar ,Elena cenó rápido sin apenas hablar con Clara y se fue a la cama, necesitaba descansar , olvidar ese día , olvidar el fugitivo encuentro, deseando que todo fuese una pesadilla. Tras varios intentos , por fin consiguió dormirse, creyendo que todo había acabado , que todo había sido un mal día , pero la cosa no había hecho más que empezar...

viernes, 12 de noviembre de 2010

El mundo de Elena

Llovía , las gotas caían del cielo como si fuesen las lágrimas de un ángel al que le ha sucedido una tragedia.
Esa mañana , Elena salía de su casa para ir a la facultad , estaba matriculada en la carrera de psicología porque siempre la había gustado entender el comportamiento humano.
La encantaba la lluvia, nunca llevaba paragüas porque adoraba como las minúsculas gotas acariciaban su rostro , su pelo...
Era su primer día en la facultad, entró en clase empapada , se escurrió el pelo y se sentó al lado de una chica que a su parecer la parecia agradable. El profesor , un hombre bajito , con poco pelo , pero con una espléndida sonrisa dibujada en el rostro , comenzó a explicar una pequeña introducción en el mundo de la psicología. Elena adoraba oir hablar a ese profesor, y cuando se quiso dar cuenta la clase ya había acabado.
Cuando salió de la universidad , ya no llovía , se fue andando poco a poco a casa , entreteniéndose en el camino, observando todo lo que se encontraba a su paso , la encantaba fijarse en los detalles , incluso en aquellos detalles que nadie reparaba en ellos.
Al llegar a casa , la esperaba su madre, Clara , con la mesa puesta y su comida favorita , Elena y Clara vivían solas, Elena nunca llegó a conocer a su padre y no tenía hermanos , pero eso no influía en su día a día , intentaba sacar el lado bueno a todo lo que la ocurría , empleando siempre una buena psicología.
Esa comida fue especial , Clara y Elena hablaron todo el rato, Elena la contó a su madre como la había ido en su primer día de clase , y Clara la contó alguna anécdota que la había ocurrido en su trabajo , aunque en su trabajo siempre ocurrían historias que contar , ya que era policía. Trabajaba en la comisaria de la ciudad y casualmente no se tenía que desplazar mucho , porque la comisaría se encontraba en el barrio.
Después de comer , Elena quedó con sus amigos como todas las tardes, la encantaba ese momento del día.
Sus amigos se llamaban: Sofía , César ,Arturo, Cloe y Julián. De todos ellos su mejor amiga era Sofía , se contaban todo , desde que habían desayunado hasta que habían soñado por la noche.
La tarde se pasó volando, y pronto todos tuvieron que regresar a sus respectivas casas. Había sido un día cualquiera , pero para Elena fue suficiente.
Como había estado merendando con sus amigos , llegó a casa sin hambre y directamente , tras dar el beso de buenas noches a su madre , se metió en la cama y se durmió al poco rato.
Elena no sabía que al día siguiente su vida iba a cambiar totalmente , para bien o para mal...